Manel Fontdevila es un autor venerado por los fans del mundo del cómic. La popularidad de sus colaboraciones en la revista El Jueves y los numerosos premios recibidos avalan, si fuera necesario cuestionarla, su carrera. Pese a ello, ha tenido un año 2007 bastante movidito, pues la profesionalidad a prueba de bombas de un autor parece que no sirve de nada cuando la prensa generalista te pilla de por medio, sobre todo si es para salvaguardar el ¡horror! honor de una institución tan sagrada en nuestro país como la Monarquía... incluso para la prensa supuestamente republicana (sí, amigos, éste es un país muy raro). Pero aquello ya pasó y ahora Manel vuelve a los mansos cauces del circuito del cómic, donde parece que uno puede expresar lo que quiera sin que aparentemente nadie se moleste... probablemente, triste es constatarlo, porque los directores de periódicos no leen cómics. Ay del día que se pongan a leer mangas...
Manel es una persona de bonachonería mezclada de discreción, si es que eso tiene algún sentido, pero con un mundo interior que no deja de bullir aunque el tema de conversación sea banal. En la intimidad le gusta rajar y no se calla sus opiniones: lo que en inglés se suele denominar como “opinionated” y aquí cosas peores. En cierto modo, su juego crítico, al estar expuesto desde la humildad, le humaniza más y quizá sea también su manera de vencer cierta timidez. La conversación que sigue tuvo lugar en la redacción de Glénat y sus declaraciones parecen un buen colofón a un 2007 de locos, donde Súper Puta resulta la consecuencia perfecta de un año durante el cual a su autor lo han puteado bastante.
ANTE TODO, AUTOR DE CÓMICS
-Una cosa que siempre me mosqueaba en los años 90 era cuando a los críticos les daba por decir que el cómic estaba en crisis. Yo mencionaba las buenas ventas del Kiss Comix, y me decían que no valía, porque era una revista porno; entonces mencionaba el éxito de El Jueves, y alegaban que tampoco, porque era una revista de “humor de actualidad”... ¿Por qué el porno y la actualidad son los únicos géneros que invalidan el medio en que se presentan, o sea, el cómic puro y duro?
-La verdad es que la primera generación, la mayor, de El Jueves tampoco se considera que tengan nada que ver con el cómic. (Irónico) Son humoristas gráficos, que es otro nivel de la vida, de la realidad. Yo es una cosa que ha dejado de preocuparme porque es una batalla perdida. La gente también te dice que en El Jueves hacemos humor y que “es más fácil de hacer”. Hombre, fácil fácil tampoco, ¿no? Ponte tú a hacer una entrega semanal. En algunos blogs reivindican que el mérito consiste en sacar adelante otros géneros del cómic, como la aventura. Que El Jueves tiene éxito, pero porque hace humor, y el humor siempre ha funcionado en España. Y yo me digo: pues si siempre ha funcionado, tú debes ser idiota por no hacerlo, ¿no? Si es tan fácil, coño...
-Pero el humor siempre ha sido minusvalorado en todos los medios, también en el cine, y en todos los países, no sólo aquí.
-No es un tema que me preocupe demasiado, pero a veces sí que me da un poco de rabia: sí, yo soy dibujante de comics, pero como estoy en El Jueves... Pero bueno, sea como sea, yo estaba en El Jueves, y cuando dibujé La parejita me dieron enseguida un premio del Salón del Cómic, o sea que sí se reconoció en el mundo del cómic mi labor. Y al revés: cuando le dieron el premio a La parejita, tú te lees El Jueves y no consta ese premio. No había conexión entre el cómic y El Jueves, por ambas partes, pienso yo.
-Pero en los últimos años sí ha habido un reconocimiento mucho mayor hacia la revista por parte del mundillo.
-Porque desde hace unos años hay gente que perteneció siempre al mundo del cómic que ahora están metidos ahí dentro: Mauro Entrialgo básicamente, y Brieva, y Paco Alcázar, y vas metiendo gentecilla y tal.
-Tú siempre te has sentido identificado con la trinchera del cómic.
-Sí, yo sí. Yo dibujo tebeos, sí. Además, cuando he intentado hacer otra cosa, no he sabido hacerlo. O sea, que no... No sé hacer ilustraciones, no sé hacer carteles, no sé hacer diseño. Lo que me sale bien a mí es dibujar tebeos, y por lo tanto, para qué preocuparse.

MAESTRO DE LA MONOGAMIA
-La parejita es el mayor documento que hay en la cultura popular española actual sobre la vida en pareja, ¿no?
-Eso lo dices tú, yo no lo voy a decir porque luego la gente va a decir que de qué voy. No sé. Yo le tengo cariño a los personajes. Ahora va a salir un nuevo libro de La parejita y estoy muy contento. Además la pareja es un tema súper abierto, así que se pueden seguir haciendo muchas más cosas. Lo que pasa es que quizás esta pareja mía ha tenido más difusión, ¿no? Porque en la historia del cómic, parejas ha habido a patadas. En El Víbora mismo, Bartomeu Seguí también dibujaba parejas. Pero como lo mío es una serie semanal, estás ahí marcando: pum pum pum.
-Pero tu aproximación a la serie es muy sistemáticamente costumbrista, en el sentido de reflejar escrupulosamente situaciones habituales de la vida actual en pareja.
-Sí, está buscado ser costumbrista y que en esa pareja se reconociera la mayor parte de la gente. Evito caer en muchas cosas por no perder una parte del target o algo así. Que de repente sean friquis. Y como el tema de fondo es el amor y la relación, tampoco me hace falta especificar demasiado sobre sus vidas. De hecho, son anodinos completamente. Ellos dos sí, tienen una personalidad: la tía es más fuerte, el tío es más nosequé, pero básicamente ni yo sé muy bien de qué trabajan. No he ido mucho más allá de lo que es la relación en sí misma.
-¿Vas a seguir con la serie mientras te sientas cómodo?
-Sí.
-¿Hasta que te divorcies?
-Hasta que me divorcie, hasta que no me sienta cómodo o hasta que no se venda nada. O a lo mejor yo no me sentiré cómodo, pero si vivo de esto, pues igual soy una mala persona y continúo. Pero de momento estoy bien. Supongo que si un día empiezas a hacer cosas y no tienes ganas, ya eso se notará también en la serie. O sea, que si un día la hago sin ganas, igual también la serie deja de funcionar y se va a tomar por culo.
-La necesidad de entregar semanalmente nuevos comics durante tantos años como llevas en El Jueves, supongo que acaba proporcionando una capacidad de trabajo muy amplia y sólida, ¿no?
-Yo acabo trabajando mucho. A veces no entiendo a la gente, con la de cosas que se pueden hacer. Cada semana hago dos páginas para El Jueves, y la reunión semanal del consejo de redacción, y, si cae, alguna de actualidad, y una tira gráfica diaria para el diario Público y lo que vaya cayendo. Pero también me gusta lo que hago. Si me encargaran algo que es una mierda, pues me pasaría como a todo el mundo, lo tendría encima de la mesa y no sabría ni cómo sentarme a hacerlo.
-¿Te considerás un profesional todoterreno?
-No, yo no puedo hacer cualquier cosa. A mí me encargas una historia del Oeste, y me muero sólo para dibujar los caballos.
-Pero de humor sí.
-Ah, si es de humor, sí. Más o menos vas tirando. Pero me acuerdo cuando hacía chistes para la revista Penthouse Comix y era una tortura, porque no es mi terreno. Y una vez has hecho el homenaje kitsch cuatro veces ya no sabes por dónde seguir. (Risas) Pero no sé.

SÚPER PUTA Y SU MUNDO
-¿Desde el punto de vista de evolución como autor, cómo te explicas un álbum tan esquivo a la hora de etiquetarlo como Súper Puta? Nunca habías alcanzado tales cotas de surrealismo.
-Nunca. Bueno, yo había hecho mis albumcines marcianos antes de Súper Puta. En Camaleón Ediciones saqué Testimonio, con guiones de Marcel.
-Sí, le conozco. Creo que era amigo de...
-Yo hace tanto que le perdí la pista a este tío, o sea, puede ser amigo de cualquiera y no saberlo. Pero bueno. La última vez que le vi me contó que su proyecto era conseguir los efectos de la marihuana a través de la meditación trascendental. Y no sé si ha logrado este propósito en su vida.
-O sea que tu interés en el surrealismo viene de lejos.(Risas)
-El tema es que yo empiezo a hacer Súper Puta para hacer unas risas con gente que nos escribimos por Internet: con Pepo Pérez, con Santiago García, con Bernardo Vergara, Manuel Bartual, Javier Olivares... bueno, los que salen en la contraportada. De vez en cuando les mandaba una página, “mira lo que he hecho y tal”. Y al tiempo de hacerlas, vi que tenían un efecto terapéutico en mí, básicamente de vaciado: probando cositas, con el pincel, que no lo había hecho nunca, escribiendo barbaridades, y buscando. Albert Monteys quería hacer un fanzine y pensé meter lo mío ahí dentro, pero la cosa se empezó a alargar, y yo mientras vi que se podía hacer una historia chula y algo distinto. Y algo que siempre me había rondado por la cabeza y tal, que era hacer –ahora diré una barbaridad, ¿eh?-, que era como hacer poesía o algo así. Hay algo que me gusta en la poesía y en las letras de algunas canciones, que es que a partir de ciertas frases cuentan una historia sin necesidad de que sea lineal. Yo quería hacer esto. Hay una cosa que se ha practicado mucho, que es lo de hacer poesía con el cómic: y la gente lo que hace es dividir la poesía en frases, y a cada frase le pone un dibujo debajo. Y hace una historieta ahí con el paisaje, un señor que mira por la ventana y nosequé. Y yo pienso que si se hace una poesía... Es que me molesta usar esa palabra, porque parece muy tremenda, pero da igual... Yo pienso que si se hace algo así en tebeo tiene que ser algo más orgánico, más desde la propia página y desde el planteamiento mismo de la historia, ser más esquivo y contar las cosas desde otro sitio. Y pensé que podía acabar esa historia mía. Y un día que ya tenía hechas unas cuarenta y tantas páginas, se las enseñé a Félix Sabaté y me dijo que adelante y dije: pues mira, más tranquilo voy. Pero en ningún momento me planteé hacer un libro comercial, porque no lo es en lo más mínimo.
-La comercialidad acaba en el título, ¿no?
-La comercialidad acaba en el título. Yo creo que sí. Yo quería plantear Súper Puta como una experiencia mucho más libre de lectura, ¿no?
ESCRITURA Y DIBUJO “AUTOMÁTICOS”
-Una cosa que me ha sorprendido mogollón es, ya no el altísimo nivel literario del álbum, sino sobre todo esa misma preocupación por la expresión literaria, que no suele ser habitual en muchos autores de cómic.
-Eso está también muy buscado. El objetivo básico de Súper Puta era -esto es muy egoísta-, pero era divertirme yo y hacer una cosa que a mí me llenara distinta a lo que hago normalmente. Lo iba haciendo página a página: nunca sabía lo que iba a pasar en esa página y mucho menos cómo iba a ser. Empezaba en una punta y acababa por la otra, y no quería utilizar nada vulgar en toda la página, me refiero a ningún recurso normal de un tebeo. Todo tenía que ser desmesurado. Pienso que Súper Puta se aguanta por el tono. El tono, si no la narración, sí que es igual de principio a fin. Un tono que es la pura desmesura de poner ahí no sé si el bagaje, pero sí toda la tontería que tengo en la cabeza: en el texto, en los dibujos, en los planos, en la manera de montar la página. Dibujé con pincel directamente. Cuidado: el texto es escritura automática, pero yo de Súper Puta tengo en casa veinte o treinta páginas que no están en el libro. También, si veía que la cosa no funcionaba, fuera y a empezar otro día.
-¿Pero no anotabas frases ni cosas que se te ocurrieran en el proceso?
-No. Al final sí, anotaba porque se me ocurrían tantas que iba con un papel. Pero no las usaba luego. Porque yo notaba que cuando hacía algo sobre guión o sobre una idea predeterminada, de repente la historia no corría igual de bien. Se encasquillaba y se veía más forzada. Incluso cuando veía que la historia iba hacia un lado u otro, yo mismo me obligaba a desviarla para otro sitio. Aunque sí que había una idea general dentro de lo que pasaba, pero la forma de contarlo y la estructura las iba inventando siempre sobre la marcha, para sorprenderme a mí mismo. Supongo que para el lector también habrá sorpresas, lo cual yo creo que es interesante. Lo que pasa es que a veces no sabes si el lector de cómics es amante de la sorpresa.
-¿Tú has conseguido sorprenderte? El cómic está lleno de requiebros, te vas mil veces por peteneras.
-Sí, yo me lo he pasado muy bien con todas las páginas. Lo único que hay premeditado es el epílogo. Es el final que tenía al principio de la historia, para saber dónde terminaría, para tenerlo más atado. Creo que es un buen libro. De las tres o cuatro cosas buenas que he hecho en la vida.
-Parece que tenías mucho detritus que volcar, que sacar de la cabeza, cuando hiciste este álbum.
-Estaba haciendo la etapa del embarazo de La parejita, que fue un tiempo durillo, porque con la serie yo más o menos siempre contaba las historias que quería, y de repente estuve un año o así contando historias muy marcadas, porque quería contar un embarazo cronológico. Quedó bien, creo, ¿eh? Pero estaba con esto y lo de Súper Puta era como una salida, lo hacía en mis ratos libres. Estuve año y medio haciendo esto, casi dos años.

VENTAJAS E INCONVENIENTES DEL TÍTULO
-La protagonista podía ser Súper Puta o Súper lo que fuera, ¿no?
-Sí, es sólo una provocación, ¿no? Busqué algo que fuera incómodo para las orejas. De hecho, al principio me pasaba varias páginas buscando una historia que justificara la escena con que empieza el álbum: sale una tía y le pega una patada en la boca a un señor que abre la puerta. Súper Puta fue el nombre más sonoro que se me ocurrió en aquel momento. Y que es algo que te ata, porque si al final le hubiera puesto otro nombre, Súper Gilipollas, pues a lo mejor estaría el tebeo en un sitio más visible, porque luego vas a cierta cadena de establecimientos y está puesto en la estantería del culo del mundo.
-Bienvenido al mundo de las putas.
-En cambio luego ves otros tebeos...
-¿Pero aún te preocupas por estas cosas?
-No, pero me sorprendió. Porque lo estuve buscando, creía que no lo tenían, y al final lo encontré ahí en un rincón. Coño, está escondidico. Porque con La parejita, entras y está puesta ahí a la vista. Pues muy mal.
-Le veo un aire crumbiano a la heroína, a su agresividad y tiranía, en contraste con lo grises que son los pavos. Pero a nivel de contenido, es muy difícil definir un “argumento”, una historia a las que esos personajes sirvan...
-En Súper Puta hay una historia, ¿eh? Para quien un día se entretenga en recomponer el puzzle. Lo que pasa es que es una historia que no tiene ningún sentido, digamos, pero bueno. La historia está, pero el libro está en el viaje. En cómo está contado. Exige un esfuerzo igual del lector. No se puede leer Súper Puta como quien va a leer Tintin en el Tíbet, ¿no? Es otro tipo de experiencia la que yo propongo con este libro.
-Tu libro avanza en zigzag.
-Sí. Pienso que el tema está en coger y dejarse llevar. Sin buscar mucho más. Como cuando escuchas música. Tampoco estás esperando una lógica. Antònia Font sacaron un disco donde hacían versiones de Cortázar y tal. Me daba mucha risa porque había algo ahí que me gustaba y luego supe que habían hecho el disco también con escritura automática. Yo en los textos veía historias, pero no estaban contadas: o sea, no había una historia lineal, es decir, “voy en avión y se está cayenda p'abajo”, no sé. Entonces como me he hecho mayor, digo, voy a hacer experimentos con esto, y a ver qué se saca de ahí.
LA SEMANA QUE VIENE SE PUBLICARÁ LA SEGUNDA PARTE DE ESTA ENTREVISTA